1.25.2012

... on days like today ...




Me encantan los días OFF. Y a quién no! La verdad es que en el trabajo me lo paso bien y no termino ningún día sin aprender algo nuevo o conocer a alguien diferente, pero los días libres son para mi especiales.
Lo bueno que tiene tener un horario diferente cada semana es que nunca sabes lo que te espera. Sí, hay veces que es más complicado organizarse y concordar horarios con los amigos, pero la improvisación y el no saber qué nos deparan las siguientes horas del día los hacen peculiares.

Lo malo es que yo quiero hacer de todo en 24 horas y a menudo me frustro por no alcanzar mis espectativas, pero saber organizarse y repartir el tiempo también es una virtud que te lleva a aprender que quien mucho abarca poco aprieta, así que...

Empezaré por contaros que lo principal para mí de los días libres es dormir. Remolonear entre las sábanas, no tener que apagar el despertador, ver como amanece desde tu cama,... para mí es el mejor lujo que se puede tener! Después está saltarse la rutina e irse a desayunar fuera: mi café caramel latte, mis tostadas, mi revista preferida y junto a ella mi guía de Londres y mi agenda. Hoy me apetecía gastar mi tiempo paseando por callejuelas y recovecos de esos que no salen en las guías. Me apetecía deleitarme con los colores de las fachadas de los edificios, del olor a húmedo de los parques, del ruido de los coches, del movimiento y los frenazos de los autobuses, del ir y venir del gentío, del jolgorio de los niños en el patio del colegio,... Y después de esas horas de soledad con mis pensamientos qué mejor forma de empezar la tarde que con una comida con dos amigos, hablando de todo y de nada, con silencios agradables, con el sonido de una cuchara que roza el fondo, con el traqueteo de una cafetera que tiene listo el café, del sabor de un brownie acompado por un delicioso cupcake y del aroma de una sutil vela que alumbra una tarde de tertulia y recogimiento en casa. Y a las horas, cuando tu estómago ya no asimila más dulce, cojes el metro, haces transbordo y en 9 paradas estás saboreando el amargo y espumoso sabor de una cerveza bien fría en el bar de intercambio de todos los miércoles, junto con las mismas personas a las que has llamado expresamente para pasar la tarde con ellos, con gente nueva que conoces en la barra mientras pides y otros a los que hace meses que no ves y que lo dejan todo por estar contigo aunque sea dos horas. Ingleses, franceses, chinos, españoles, italianos, alemanes,... cuando se trata de disfrutar todos hablamos el mismo idioma.

Y ahora, una vez en casa, pijama, vasito de leche y a la cama. Sin olvidar poner el despertador hasta esperar el siguiente día libre para disfrutar de los pequeños grandes momentos de esta vida y su loca realidad.  

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